Dónde muere una estrategia de IA bien hecha

La estrategia se aprobó por unanimidad. Tenía una matriz de valor y viabilidad, un portafolio de iniciativas priorizadas y un capítulo entero de gobierno de datos. A los seis meses no quedaba rastro de ella en ningún documento vivo, y nadie en el comité sabía explicar por qué.

Carlos Andrés Ramírez ·

La estrategia se aprobó por unanimidad. Tenía una matriz de valor y viabilidad, un portafolio de iniciativas priorizadas y un capítulo entero de gobierno de datos. A los seis meses no quedaba rastro de ella en ningún documento vivo, y nadie en el comité sabía explicar por qué.

Lo he visto pasar más de una vez, con equipos serios y matrices bien construidas. El síntoma no es que la estrategia estuviera mal pensada. Es que estaba pensada para un comité, no para una operación, y esas dos audiencias no leen el mismo documento aunque sea el mismo papel.

El comité premia la coherencia: una matriz de valor y viabilidad que ordena veinte iniciativas en cuatro cuadrantes, un principio de iterar antes de escalar, un capítulo de gobierno que cubre riesgo y cumplimiento. Todo correcto, todo defendible delante de auditoría. Y ninguna de esas tres cosas dice qué hace, el lunes siguiente, la gerente que ya tiene otras dos iniciativas de transformación corriendo sobre su misma cola de trabajo.

El síntoma

¿Cómo se construye una estrategia de IA que sobreviva el contacto con la operación?

La pregunta la hace quien ya vio una estrategia bien aprobada quedarse parada sin que nadie la matara formalmente. No es un problema de calidad del documento. El documento suele estar bien. El problema está en el paso entre el comité que la aprueba y la persona que tiene que ejecutar la primera iniciativa, un paso que nadie asignó a nadie: traducir la prioridad abstracta a una decisión concreta, con nombre y con fecha.

  • La iniciativa de mayor valor de la matriz nunca es la primera en arrancar, porque la primera siempre es la de menor fricción política, y esa casi nunca es la de mayor valor.
  • Nadie en la estrategia revisó el trimestre real del área que tiene que absorber el cambio, así que la iniciativa compite por el tiempo de la misma gerente que otras dos ya en curso.
  • El indicador que mide a esa gerente hoy va a empeorar durante las primeras semanas del cambio, y ese dato no aparece en ninguna diapositiva del comité.
  • El sistema que la iniciativa necesita tocar tiene un dueño técnico distinto del dueño de negocio, y nadie coordinó los dos calendarios antes de fijar la fecha de lanzamiento.
  • El plan de la estrategia tiene hitos de proyecto (diseño, construcción, prueba) y ningún hito que se mida con una señal real de la operación, como el tiempo de cola o la tasa de error.

El problema de fondo

La estrategia no muere en la ejecución. Muere en el traspaso.

El comité habla en el idioma de la cartera: valor, viabilidad, riesgo agregado, secuencia. La operación habla en el idioma de una cola concreta, un sistema concreto y una persona concreta con un bono que depende de un número concreto. Son dos idiomas legítimos y ninguno es el problema por sí solo. El problema es que nadie tiene el trabajo de traducir uno al otro, así que la traducción no ocurre, y la estrategia se queda correcta en abstracto mientras la operación sigue exactamente igual.

Y hay una parte que casi nadie pregunta en el comité, porque hacerlo retrasaría la aprobación. Antes de fijar la secuencia habría que preguntar el calendario real de cada gerente que va a absorber una iniciativa, y qué indicador suyo se va a ver afectado mientras el cambio madura. Esa pregunta no es técnica. Es incómoda, porque la respuesta casi siempre es que no hay espacio, y admitirlo en el comité obliga a decidir qué otra cosa se detiene. Es más fácil aprobar la matriz y dejar que la operación se las arregle sola.

Una estrategia que nadie tradujo a un nombre y un trimestre no está lista para ejecutarse. Está lista para presentarse.

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El marco

¿Qué hay que traducir antes de ejecutar cada iniciativa?

Dueño real
La persona concreta que va a absorber el cambio en su cola de trabajo, no el área ni la función. Si el nombre no está escrito antes de aprobar la iniciativa, la estrategia todavía no tiene dueño: tiene intención.
Colisión de indicador
Qué métrica de esa persona empeora mientras el cambio madura, y durante cuánto tiempo. Sin esa cifra escrita, la resistencia que aparezca en la operación se va a interpretar como falta de compromiso y no como lo que es.
Calendario real
Cuántas otras iniciativas ya ocupan el tiempo de ese dueño este trimestre, y si esta entra en la cola o desplaza a otra. Sin esa comprobación, dos iniciativas de la misma cartera compiten por el mismo martes de la misma persona.
Sistema y dueño técnico
Qué sistema concreto hay que tocar, y quién autoriza el cambio sobre él, con qué plazo de respuesta habitual. Una iniciativa que depende de un sistema con dueño lento hereda ese plazo, lo sepa o no el comité.
Señal de corte
Qué indicador de la operación, no del proyecto, dice si la iniciativa está funcionando: tiempo de cola, tasa de error, volumen resuelto. Un hito de proyecto cumplido no dice nada sobre si algo cambió para quien opera.

Las cinco preguntas caben en una página, y ninguna la contesta bien un equipo de estrategia sentado solo en una sala. Piden hablar con la gerente antes de fijar la fecha, no después. Eso cambia el orden habitual de trabajo, y por eso casi nunca se hace: es más cómodo terminar la matriz primero y preguntar por la operación cuando ya hay una fecha de lanzamiento comunicada.

Coge la iniciativa que tu estrategia marca como la de mayor valor y busca, por escrito, el nombre de la persona que va a absorber el cambio y el trimestre en el que lo va a hacer. Si esas dos respuestas no existen todavía, no tienes una iniciativa lista para ejecutar. Tienes una casilla bien puesta en una matriz.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se construye una estrategia de IA que sobreviva el contacto con la operación?

Traduciendo cada iniciativa antes de aprobarla: quién es el dueño real que absorbe el cambio en su cola de trabajo, qué indicador suyo empeora mientras el cambio madura, y qué otras iniciativas ya ocupan su trimestre. Una estrategia que solo prioriza por valor y viabilidad, sin esa traducción, describe una cartera correcta que nadie puede ejecutar en el orden en que está escrita.

¿Por qué una estrategia de IA bien priorizada deja de ejecutarse igual?

Porque prioriza en el idioma del comité (valor, viabilidad, riesgo) y la operación funciona en otro idioma: una cola concreta, un sistema concreto y una persona con un indicador que depende de un número. Nadie asigna el trabajo de traducir uno al otro, así que la iniciativa de mayor valor espera mientras arranca la de menor fricción política, que casi nunca coincide con ella.

¿Quién debe decidir el orden en que se ejecutan las iniciativas de una estrategia de IA?

La matriz de valor y viabilidad da un orden de papel, pero el orden real lo determina el calendario de la persona que va a absorber cada iniciativa. Si dos iniciativas de alto valor caen sobre el mismo dueño en el mismo trimestre, una de las dos espera, y esa decisión hay que tomarla antes de comunicar fechas, no descubrirla después.

¿Qué hace que una iniciativa de IA fracase aunque el análisis previo estuviera bien hecho?

Que el análisis midiera valor y viabilidad de la iniciativa, y nadie midiera la capacidad real de quien tiene que ejecutarla: si ya tiene otras iniciativas en curso, si su indicador actual va a empeorar de forma temporal, y si el sistema que hay que tocar responde en el plazo que el plan asume. El análisis puede ser correcto y la iniciativa fracasar igual, porque midió la idea y no a quien la iba a ejecutar.

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Sobre el autor

Carlos Andrés Ramírez — Director de Transformación

Especialista en transformación y reinvención de negocios. Director de Programas Especializados y docente de Inteligencia Artificial en la Escuela de Postgrado de la UPC.

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